viernes, 29 de febrero de 2008

El Comienzo

A comienzos de 2003 rechacé cubrir la guerra de Irak porque me parecía algo alejado de mis gustos. El editor del diario en que trabajo (prestigioso matutino Argentino) intentó convencerme con halagos burdamente exagerados, y viendo que no lo lograba, dejó de lado su estrategia:
- Puede ser el salto de calidad que venís esperando en tu carrera – me dijo, acompañando su discurso con una mirada de padre aconsejando a su hijo sobre qué estudiar.
Se comportó como un padre, y yo para no ser menos ejecuté a la perfección el papel de hijo adolescente:
- No, ya te dije que no. Si tanto te gusta la guerra de Irak, por qué no la cubrís vos? – respondí no pudiendo evitar pensar en un deja vu.
Se enfureció mucho, y siguió con el típico discurso de que él lo hacía para ayudarme, que era lo mejor para mí, que después se lo agradecería. Yo me mantuve en mi decisión de no ir. Por su parte, él nunca entendió por qué no quise ir a cubrir lo de las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001. Creo que le gustaba pensar que detrás de mi “ir a NY por lo de las torres? No, no me parece algo tan importante. No sé, siento que no es como para mí…” había lago más. Es por eso que con lo de la guerra se mostró tan enojado; ya no era una sino dos las veces que rechazaba algo que él juzgaba inmejorable. Esta vez me echa pensé, pero días después todo quedó olvidado.

A finales de 2005 me llamó a su oficina, y con una gran sonrisa me anunció que me enviaban a Alemania, para el mundial 2006. Cuando vió que no saltaba de alegría su sonrisa desapareció. Y cuando le dije que lo tenía que pensar, su cara se transformó, pasó por varios colores entre el pálido normal y el rojo intenso, y me dijo a los gritos que esta vez no me dejaría rechazar su oferta. Preferí esperar para explicarle el por qué de mis sucesivos desplantes, y empecé a estudiar alemán para que crea que todo iba como el quería.
El momento finalmente llegó unos días antes de que Pékerman diera la lista definitiva de los que irían al Mundial. No sentamos en su oficina con sendos cafés, y le conté mi teoría: le dije que no creía en la forma tradicional de hacer una carrera prestigiosa, que eso de cubrir grandes eventos e ir sumando currículum no era mi idea de triunfo. Le hice saber que yo estaba a la espera de algo grande, algo realmente grande. Para mí no se triunfa dando grandes pasos sino dando sólo uno, pero gigante. Por eso no quería cubrir el atentado, ni la guerra, ni el mundial. Rechazaba lo grande mientras esperaba lo magistral. Su objeción fue previsible:
- Ese momento podría no llegar nunca, dijo.
- Prefiero arriesgarme, respondí muy seguro de mi mismo.
La charla finalizó muy civilizadamente, y no fui al Mundial.

Por qué cuento todo ésto? El tiempo ha llegado; la espera valió la pena; hay un ganador en la apuesta, y ese ganador soy yo. Cuando me enteré de la noticia, por medio de conocidos, no lo dudé y le pedí al diario que me enviara a esta cobertura. Inesperadamente, mi jefe me despidió sin más, y entre sus gritos creí entender algo así como que debía estar loco para pedir fondos para eso, que dejé pasar muchas buenas oportunidades y que ahora le salía con la mierda ésta, etc., todo condimentado con varios “pelotudo” y varias menciones a las partes ínimas de mi madre y hermana.
Así finalizó mi vida de periodista
mediocre, dejando paso a la de futuro premio Pulitzer. Siempre recordaré el momento en que un amigo me comentó que su hermano jugaba en un equipo de latinos en una ciudad de Alemania, y que querían anotarse en la liga. Lo miré con los ojos desorbitados. Esa! Esa! Esa es la oportunidad que tanto esperé decía a los gritos mientras saltaba de emoción, ebrio de felicidad…
En estos momentos estoy en Ezeiza, pertiendo hacia Aachen, ciudad elegida por ese grupo de valientes latinos en busca de gloria. Vendí mi casa y mi auto y retiré del banco todos mis ahorros, con la firme convicción de recuperarlos cuando mi trabajo trascienda las fronteras, y todo el mundo conozca la gesta de los bravos jugadores del Kagen von Rissen en su camino hacia la obtención de la difícil Bundesliga.

Comienza aquí la crónica de mi viaje y la de los pormenores de este grupo de luchadores latinoamericanos.