El domingo pasado me tomé el bus como de costumbre y me fui a la cancha del KVR. Esperaba encontrar el lugar vacío debido a las nevadas de los días previos, pero parece que el espíritu kamikaze de estos muchachos puede más que cualquier obstáculo. Pensándolo mejor, una vez que vencieron el más grande de ellos, digo, la falta de habilidad para este deporte, por qué detenerse ante una simple nevada? Se juntaron en la cancha, corrieron un poco, y a los gritos (por eso los escuché) los dos más gordos del plantel decidieron que sería bueno invitar a un grupito que estaba pateando en una cancha enfrente. Partieron así el 9 argentino, el técnico y el 10 en busca de un sparring. Volvieron a los 10 minutos con unos 10 jugadores un tanto pintorescos. Todos ellos con prominente barba al estilo medio oriente, y provistos de los gorros religiosos musulmanes. Algunos incluso tenían una especie de vestido, atuendo que se usa sobre la ropa, aunque no sé por qué motivo. Se saludaron cordialmente, y escuché muchos chistes fáciles entre los latinos, respecto de los contrarios. La verdad es que no tenían ni el más mínimo parecido a jugadores de fútbol. Si sumamos a eso que habían estado jugando una hora antes de este partido, se entiende la actitud del combinado sudamericano (+ 1 mexicano). Así pues, se lanzaron los valientes al ataque con infinita seguridad de conseguir un triunfo fácil, cual yanquis en el 2003. A los 20 minutos más o menos, vino el gol de los muchachos de Alá. El primero? No señores, el quinto. 5-0 y a llorar a la iglesia (o a la mezquita en todo caso). Lo cierto es que el equipo a priori débil no lo era tanto, y con habilidad pero sobre todo con mucha organización llegaban en tres o cuatro toques al arco latino, y si bien metieron 5, podrían haber sido bastantes más. Sólo cuando le cansancio se comenzó a notar en los medio-orientales el KVR pudo acomodarse en el campo, y con un poco de dinámica del mediocampo y la delantera logró emparejar el partido. Al final terminó parejo el marcador, aún sin saber quien ganó, la imagen del equipo en los minutos finales me dejó un poco de esperanza.
Después de los saludos de rigor despidiendo a los contrarios, y siguiendo las indicaciones del técnico, armaron una cancha chica y jugaron un picadito: 5 contra 4. No hay mucho que decir al respecto, pero en esos pocos minutos de fútbol informal y con más diversión que buenas jugadas colectivas, fui testigo de un movimiento exquisito. El delantero mexicano le hizo un caño más accidental que buscado al 10 (el petiso de la foto anterior del post anterior), y el técnico se lo festejó en la cara, con un exceso de burla, digamos. No más de dos jugadas después, en una jugada donde el técnico trató de prersionar al enganche, éste, en busca de revancha le tiró un caño fenomenal al propio técnico, y no contento con eso cuando el de rulos volvía humillado le tiró otro, desencadenando la risa de todos. Caño doble y a cobrar. Después de eso se terminó el entrenamiento, y partieron todos para el vestuario.
Por la ventana habitual pude escuchar que algunos comentaban algo sobre un mail de Víctor y se reían. No sé bien quien es este Víctor, pero ese día no estaba ahí porque la frase final fue: “No puede escribir ese mail y después faltar al entrenamiento”. Seguiré investigando, pero mientras tanto les dejo una foto de la víctima del doble caño (click para ampliar).
