martes, 15 de abril de 2008

Agua y Fútbol

En la semana volví al trabajo, más por la imposibilidad de justificar mis ausencias que por propia voluntad. Mi ojo ya volvió a su color normal, y debo admitir que me siento bien nuevamente. Sin embargo, algunas veces sentí miedo en la calle: a encontrarme con el golpeador o, peor aún, con el policía que podría reconocerme. Pese a eso, todo transcurrió con normalidad y ya estoy haciendo mi vida como antes.

El domingo pasado me levanté temprano (me estoy poniendo viejo), preparé unos mates y mientras observaba la mañana lluviosa (había llovido desde el sábado casi sin parar) pensé: no creo que los muchachos entrenen hoy. Lluvia, barro, bastante frío, domingo a la mañana, todo junto era la excusa perfecta para quedarse en casa. Día libre me dije, y bajé a comprar un poco de pan. Saliendo de la panadería ví a dos integrantes del KVR en la bushof con los bolsos de deporte. Pasé junto a ellos para escuchar lo que decían, y uno le comentaba al otro que en el último mail el capitán dijo que se juntaban sí o sí, sin importar el clima. Apuré el paso, llegué a casa, me cambié como para la ocasión, y volví antes de que el bus dejara la estación. Grande fue mi sorpresa cuando llegamos a la cancha: había más de 10 pibes corriendo alrededor del campo de juego. Después se sumarían algunos más, completando 15 jugadores (por supuesto, pase lo que pase siempre el número es impar, para dificultar el armado de algún partidito informal). Si mi sorpresa fue grande cuando llegué, fue inmensa cuando distinguí al técnico del equipo sin la frondosa cabellera. Mi sincera opinión es que ahora se parece más a una persona, y aunque ganando en presencia perdió en coherencia pues antes parecía una planta, mucho más de acuerdo con su condición de tronco, futbolísticamente hablando. Las intensidad de las sorpresas siguió en aumento al escuchar algunos comentarios sobre que el recién nombrado técnico ya no lo era: había renunciado. Parece que el pibe está en plan de cambios: el corte de pelo, el abandono de su función; alguno sugirió en voz baja y tono jocoso un posible cambio de sexo, comentario que despertó risas en los más bromistas del equipo.

El entrenamiento comenzó con dos grupos separados aleatoriamente, uno pateando tiros al arco y córners en uno de los arcos, y el otro jugando un “loco” para entrar en calor. La mañana estaba realmente fría y la lluvia, aunque no muy fuerte, azotaba los rostros de los tenaces jóvenes (más algunas excepciones). No pude evitar que mis pensamientos tomaran el camino de las especulaciones; licencias que se toma mi cerebro cada tanto, y en este caso me regaló algunas conclusiones interesantes:

1) Si el clima fuera tan sólo un poco mejor, sin duda los entrenamientos estarían más poblados.

2) Si ésta misma situación se diese en sus países de orígen, los entrenamientos estarían totalmente desiertos.

3) Si los presentes fueran tan hábiles con la pelota como tenaces, estaríamos en presencia del Milan de los holandeses (1987-1988...click para imágenes).

Esta vez encontré una especie de bar cerca del campo de juego (en Argentina lo llamamos quincho) con lo cual pude enterarme de algunas cosas importantes, como la fecha del próximo encuentro, y logré llevarme conmigo algunos nombres y apodos. Desde ahora los nombraré como ellos lo hacen internamente, y para una próxima entrega prometo una foto acompañada de sus respectivos nombres/apodos. Se armó un partidito de 8 contra 7 en media cancha, y afortunadamente eligieron la mitad cerca del bar. La separación de los equipos no fue la mejor: en el equipo de 7 pusieron al ex – técnico (de ahora en adelante Lichi), cuyo despliegue casi nulo hizo que el enfrentamiento fuera más un 8 contra 6,5 que 8 contra 7. Con ese jugador y medio de diferencia, y con un triángulo de jugadores fuertes físicamente el equipo sin pechera sacó una diferencia importante en los primeros minutos. Se vió mucho orden en ataque y defensa de ese lado, mientras que del lado de los de pechera verde, tan sólo jugadas aisladas, con un brasilero de delantero que promete. Ya sin presión por ganar (?) y sintiéndose superados por el adversario, nuestros 6,5 valientes se soltaron un poco y hasta se pudo observar una pisada interesante de Lichi en el medio campo. Iván, uno que la pisa en serio, probó desde media cancha y la pelota entraba al medio del arco, pero en el arco estaba Huguito, quien mostró toda su frialdad (en el buen sentido, eh) sacando la bola con un casi perfecto escorpión (querido lector, si vives en un sótano y no sabes a lo que me refiero, aquí te dejo un video como ejemplo).

Finalmente un jugador del equipo vencedor pasó al bando de los pisoteados anímicamente, y ya con el match 7 contra 7,5 el desarrollo del juego cambió rotundamente. La verdad es que perdí la cuenta de los goles, pero si el partido no terminó en empate, fue por poco.

Para finalizar y demostrar que a éstos pibes la suerte no los ayuda ni un poco, durante el partido diluvió como si fuera la última vez que llovería en 10 años, pero una vez terminaron con el entrenamiento y se fueron al vestuario el sol dijo presente y nos regaló un mediodía de domingo no tan cruel.