domingo, 3 de agosto de 2008

Oferta absurda

No van a creer lo que me pasó…
Siempre pensé que esa frase era un buen comienzo para una excusa, sobre todo si la excusa es débil. La frase inicial viene a darle la fuerza de que carece la disculpa. Recuerden el chiste ese que ponía a un marido llegando tarde a su casa, y con la camisa toda manchada de rouge; la mujer al ver las manchas lo increpa “y ésto??”, a lo que el tipo responde “no vas a creer lo que me pasó: me peleé con un payaso…”. Fíjense cuánto hace esa frase en la respuesta. Anunciar la pelea con un payaso así nomás, sin la frase potenciadora, carecería de toda eficacia. Sin embargo, eso no es lo que pasó aquí. Hoy no vengo a presentar excusas, hoy vengo a contarles las razones por las cuales me ausenté un mes.

En el último post hablé sobre la historia de las finales y sobre cómo, para mí, Alemania le ganaría fácil a España. Por suerte me equivoqué, o quizás la historia se haya cansado de ser culpable de tantas injusticias y haya renunciado a ser parte de una nueva conquista Alemana. Como sea, si pensaban que no escribía por miedo a hacer frente a un error de apreciación tan grande por mi parte, les digo aquí y ahora que no, que me ausenté por un motivo mucho más importante. Paso a relatar.

Hace poco más de un mes apareció por el bar un personaje un tanto extraño, acompañado por otra persona que oficiaba de traductor (hablaba inglés, alemán y español). Preguntaron si había en el bar algún latino que se dedicaba a escribir un blog de un equipo de fútbol. Mi jefe les dijo que el único latino era yo, y a mí recurrieron con más preguntas. Yo, temiendo que el señor sea alguien enviado por alguno de los muchachos que se ofendió ante un comentario en el blog (hasta pensé que sería algún agente papal enviado por el Vaticano para romperme las piernas, y ponerle así fin a la discusión con Raúl Ricardo (aquí la discusión)), dije que no concía nada del equipo que nombraban, y todo terminó ahí. Fontana se llama, me dijeron, y yo con mi mejor cara de pócker les reafirmé que no sabía nada. Cuando ya estaban por abandonar el lugar, se cruzaron en la puerta con Lichi, que venía a comer y que lanzó un: Qué hacccé Fontana, cómo andá? Me crucificó ahí mismo, delante de los ilustres visitantes. Los tipos parecieron no entender, pero en vez de irse sin más, volvieron a la carga, y debo decir que me costó aclararles que sí, que yo era Fontana, y que me gustaba el perfil bajo, el anonimato. Se sentaron a comer, y me lanzaron todo el rollo: el que hablaba inglés era un periodista de New York; alguien había leído el blog y les había gustado mucho, y querían que viajara a la ciudad de Sinatra, para conocerla y para hablar de negocios. Primero pensé que era una broma de los muchachos de KVR, pero cuando el tipo puso sobre la mesa un pasaje a New York con mi nombre y dos mil dólares en efectivo para gastos, entendí que esto era una buena oportunidad. Mi jefe, por otro lado, estaba tan contento con los euros extra que habíamos obtenido por la Euro, y teniendo en cuenta que en vacaciones los estudiantes se van a sus casas y los bares trabajan mucho menos, me permitió una semana de vacaciones para que pudiera viajar.

Partí pues desde Frankfurt con destino a la gran manzana. Un viaje tranquilo, no muy largo, pero lo suficiente como para dormir un poco y arrivar descansado. En el aeropuerto JFK me esperaba el tipo que hablaba inglés, con otro traductor. Me llevaron a un hotel bastante lujoso, y me dejaron el día libre, quedando en pasarme a buscar al día siguiente, temprano.

Dejé todo en el hotel, pedí un mapa en la recepción, y salí a caminar un poco. Lo primero que me impactó?? El calor: en las calles se respiraba un aire muy caliente y húmedo, y porqué no, bastante contaminado. Sacando eso, la ciudad es increíble, un conglomerado casi infinito de edificios, y mucha gente por todos lados. Jamás estuve en un lugar así, donde al caminar sólo se ven edificios de más de 30 pisos, torres, más edificios, y después, más torres y edificios. Algo impactante. Otra cosa que me impresionó fue que sin hablar nada de inglés, pude moverme perfectamente por la ciudad, y hacer o comprar lo que quisiese. Esto último obedece a dos razones: el hecho de que los nombres de las calles sean números, y sobre todo el hecho de que prácticamente todo el mundo habla español. Eso es algo que no me esperaba. Cuando anocheció me dí una vuelta por Time Square y quedé aún más impresionado.

Al otro día temprano, ya desayunado y duchado, me subí al auto de la gente que me pasó a buscar, y partimos hacia la reunión. El auto se detuvo en una calle céntrica, y nos bajamos. El edificio de enfrente decía en letras grandes New York Times, y al pedirles a los tipos que iban conmigo si me daban 2 minutos para tomar una foto del edificio, para poder presumir después que estuve enfretne del NYT, me dijeron que mejor siguiésemos, que después podría presumir de trabajar allí. Me quedé de piedra, pues hasta ahí yo no sabía de quién provendría la oferta de trabajo, y por supuesto, jamás imaginé que el diario más importante del mundo sería el que me requería.
Subimos a uno de los pisos superiores y entramos a una sala de reuniones realmente muy lujosa. Vino alguien al que me presentaron como el jefe de redacción de la parte de deportes, y vía traductor, el tipo me hizo saber que debido a la gran cantidad de gente de habla hispana en EEUU, habían decidido por primera vez en la historia del diario, publicar en la parte de deportes una columna diaria en español, referente al equipo de NY. Después de eso vino una larga cadena de halagos hacia este blog, y finalmente me explicó que para ellos yo era la persona indicada para ese emprendimiento. Por mi parte, mientras escuchaba eso yo volaba en una nube de confusión, alegría e incertidumbre.

Estaba a punto de decirle que era un honor para mí pasar a participar de semejante diario, cuando el tipo lanzó las palabras mágicas: usted será sin dudas un gran aporte para este medio, y para la campaña de los NY Yankees. Una alarma se encendió con mucho ruido en mi cabeza, y frené mi decisión para preguntar si los Yankees no era un equipo de Béisbol. Por supuesto, me dijeron, uno de los más tradicionales de los estados unidos. En ese momento no tuve ningún tipo de dudas sobre lo que tenía que hacer. Los miré apesadumbrado y les dejé tan sólo una frase: lo mío es el fútbol; el fútbol es un sentimiento, y los sentimientos no se venden. El tipo sonrió, y me dijo que aún no había escuchado su oferta económica; mi respuesta fue tajante: lo que no se vende, no tiene precio. Me levanté y abandoné la reunión sin más.

Estuve tres días más dando vueltas por la ciudad, gastando el dinero que me habían dado, y sacando muchas fotos pues quizás nunca más volviese a ese monstruo de cemento y vidrio. Para que vean a qué me refiero, les dejo un testimonio gráfico de mi viaje.


Ahora que todo pasó, estoy feliz de haber tomado la decisión que tomé, sobre todo después de haber compartido un entrenamiento dominguero con los del KVR con sol y césped. La verdad es que sin ponerme sentimental, tengo que decir que esto no lo cambio por nada.

El lunes hay partido de copa, así que en breve tendrán el resúmen del match. Saludos, y nos estamos viendo.